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viernes, 24 de junio de 2011

tango y literatura: ernesto sábato



hoy, aniversario de la muerte de gardel en medellín en 1935, queremos recordar otra efeméride: el centenario del escritor argentino ernesto sábato, nacido en rojas, provincia de buenos aires, 24 de junio de 1911, y fallecido este mismo año, hace 2 meses escasos, el 30 de abril, a los 99 años...
"a ernesto sábato" es el tango que le dedicaron en 1973 leopoldo federico, roberto grela y raúl garello...


sábato fue un escritor a quien nada de lo argentino le era ajeno, y por supuesto el tango le interesó profundamente: en 1963 publicó su libro "tango, discusión y clave".
para sábato el tango encarna la nostalgia, la tristeza, la frustración, el descontento, el rencor...y, aunque pueda parecer paradójico, lo considera un hecho positivo, ya que a través de su expresión artística (sus letras y su baile) se constituye no solamente en expresión de lo argentino, sino en un vehículo de liberación de esa nostalgia y esa tristeza.
al igual que su propia novelística, el tango se erige en testimonio de la crisis de la civilización y, con ello, en expiación y catarsis de esos sentimientos traumáticos de la nacionalidad argentina.

sábato colaboró en varios proyectos de tango junto a piazzolla, troilo y de caro...
aquí se puede escuchar "introducción a héroes y tumbas" del disco "tango contemporáneo" de astor piazzolla, esta pieza formaba parte de un proyecto más amplio que nunca llegó a realizarse...
debajo de las fotos, el texto del tango que escribió para julio de caro...



















"Al Buenos Aires que se fue" (Ernesto Sábato / Julio De Caro)

Cuando la dureza y el furor de Buenos Aires
hacen sentir más la soledad
busco un suburbio en el crepúspulo, y entonces,
a través de un brumoso territorio de medio siglo
enriquecido y devastado por el amor y el desengaño,
miro hacia aquel niño que fui en otro tiempo.

Melancólicamente me recuerdo
sintiendo las primeras gotas de una lluvia
en la tierra reseca de mis calles sobre los techos de zinc.
"Que llueva, que llueva, la vieja está en la cueva",
hasta que los pájaros cantaban y corríamos descalzos,
a largar los barquitos de papel.

Tiempos de las cintas de Tom Mix y de las figuritas de colores,
de Tesorieri, Mutis y Bidoglio,
tiempo de las calesitas a caballo,
de los manises calientes en las tardes invernales,
de la locomotora chiquita y su silbato.

Mundo que apenas entrevemos cuando estamos muy solos,
en este caos del ruido y del cemento,
ya sin lugar para los patios con glicinas y claveles,
donde una chica casadera cantaba algo de un pañuelito blanco,
mientras planchaba la ropa del hermano.

Cuando la dureza y el furor de Buenos Aires,
hacen sentir más la soledad,
salgo a caminar por esos barrios que tímidamente, con vergüenza,
conservan algún minúsculo tesoro de un pasado menos duro,
una maceta con malvones, alguna reja rezagada.

Pero ya Boedo no es el que cantó De Caro,
ni Chiclana la calle de Esthercita,
ni Puente Alsina en la vieja barriada
que vio nacer al poeta callejero.

En vano buscaremos las muchachas
en torno del gringo y su organito,
ansiosamente mirando la cotorra,
esperando de su pico la buenas suerte o el amor.

Feliz de vos, Homero Manzi, que te fuiste a tiempo,
cuando aún era posible escribir esas canciones de trenzas y almacenes,
cuando todavía los espíritus no estaban resecados,
por la ferocidad y la violencia.

Ya no hay novias detrás de las persianas,
esperando al gringo y su monito.
Ya murió el último organito
y el alma del suburbio se quedó sin voz.



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